Un activo subyacente es el bien o instrumento financiero cuya cotización sirve de referencia para los productos derivados: en lugar de comprar directamente ese activo, adquieres un contrato (opción, futuro, swap…) cuyo precio varía según lo haga el subyacente.
Así, si compras una opción sobre acciones de una empresa, son esas acciones las que “mueven” el valor de tu derivado. A partir de ahí, podrías añadir tipos comunes de subyacentes:
- materias primas (oro, petróleo)
- acciones individuales
- índices bursátiles (IBEX 35, S&P 500)
- divisas (euro/dólar),
- tipos de interés (Euribor) o incluso criptomonedas (Bitcoin, Ethereum).
Puntos clave:
1. El contrato está totalmente estandarizado para facilitar su negociación.
2. Al vencimiento puede exigirse la entrega física del subyacente o liquidarse en efectivo según diferencias de precio.